9ª y 10ª sesión: de lo universal incondicionado a la fuerza

Presentadores: Juanma y Felipe

Fragmento: CAP. III – FUERZA Y ENTENDIMIENTO, FENÓMENO Y MUNDO SUPRASENSIBLE, párrafos 1-6

Sesiones del 4 y del 11 de febrero de 2022

Asisten: Ximo, Felipe, Juanjo, Rubén, Emérito, Juanma.

Exposición de Felipe Garrido

Breve resumen del fragmento

Se trata de un fragmento extremadamente complejo que ha necesitado ser revisado en dos sesiones. En este fragmento Hegel introduce el concepto de fuerza a partir del concepto de universal incondicionado. El universal incondicionado es el resultado de la disolución de la cosa de la percepción y es ahora el nuevo objeto de la conciencia. Este universal incondicionado no puede pensarse ya como una cosa estática, sino que se presenta como movimiento. Una no pequeña dificultad del texto es entender a qué tipo de movimiento se está haciendo referencia, pues no se trata de un movimiento de cosas, sino del movimiento como la superación de la cosa que ha sucumbido a sus contradicciones internas. El universal incondicionado, en cuanto que es movimiento, se llama fuerza. La fuerza será ahora el objeto propio del entendimiento y la forma bajo la cual se piensa la verdad. La fuerza no es una cosa ni puede ser pensada como tal, sino que es el resultado de la disolución de la cosa. En la fuerza, los momentos contradictorios del ser para otro y el ser para sí, se identifican. 

Lo Universal incondicionado como objeto

La primera dificultad del texto es la comprensión del concepto de universal condicionado, a partir del cual se comprenderá la categoría de fuerza. Este concepto ha surgido en el capítulo dedicado a la percepción como el resultado de la disolución de la cosa, que sucumbe ante la contradicción entre su doble carácter de para sí y para otro, quedando a cambio una mera agrupación de los pensamientos bajo los que la cosa desapareció: lo universal y lo singular, el también y lo uno, el ser para sí y el ser para otro. Esta agrupación de pensamientos no debe pensarse como una esencia quieta y en reposo, que sería la forma de pensar la cosa de la percepción. Más bien los pensamientos que aquí se agrupan lo hacen en el sentido en el que el movimiento agrupa o incorpora momentos que no pueden ser entendidos de forma aislada o independiente. Es pues, el movimiento, la forma de ser de lo universal incondicionado. 

El movimiento en que consiste, de entrada, el universal condicionado, y que es su origen, es un retorno desde lo condicionado. Lo condicionado era la cosa de la percepción que estaba condicionada por lo sensible. Lo incondicionado es la negación de lo sensible, que es la condición de la cosa, por lo tanto, no es cosa. Lo incondicionado, dice Hegel, es “algo que ha retornado a sí”. Si ha “retornado” es porque estaba de alguna manera extraviado, externalizado. Esto incondicionado ha retornado desde lo condicionado, desde la cosa, que ha sido superada. Pero cancelada la cosa, lo incondicionado que es su negación ya no puede ser cosa, sino que es concepto.

Lo universal incondicionado es concepto, pero tomado como objeto por la conciencia. Si la conciencia tomara al universal incondicionado como concepto, comprendería que ese universal incondicionado es ella misma, no un objeto que se le opone. Pero esta conciencia todavía no es autoconciencia y no es capaz de verse a sí misma en el universal incondicionado. Así, es bajo la forma del objeto para la conciencia que se aborda este concepto. Así, en relación con el universal incondicionado, la conciencia, ocupándose del objeto, se ocupa de sí misma sin saberlo. 

El universal absoluto como único contenido posible de la conciencia. Forma y contenido. 

El párrafo 3 del capítulo es, a mi juicio, uno de los más oscuros. Creo que la conclusión del argumento que hay en este párrafo es que no hay otro contenido posible para la conciencia en este momento que no sea el propio universal incondicionado. Creo que la mayor dificultad para la interpretación del fragmento es que se hace referencia a la forma y al contenido, pero no queda claro la forma o el contenido de qué se está tratando. ¿Estamos hablando de la forma y en contenido de la conciencia, la forma y el contenido del universal incondicionado…? ¿Se trata de la forma y el contenido de lo mismo, o de cosas distintas? 

Yo mismo he ensayado una interpretación de este fragmento durante mi exposición de la que ahora no estoy convencido y que voy a matizar a continuación. También han aportado una interesante interpretación Juanjo y Ximo, que no voy a exponer porque prefiero leerla de su puño y letra en sus aportaciones. Este fragmento merece ser sometido a discusión. En todo caso, la interpretación que ahora ensayaré no es incompatible con la de Juanjo y Ximo. En todo caso, no estoy plenamente convencido, como digo, y es posible que este ensayo también sea sometido a revisión. 

Analizaré el fragmento punto por punto. 

1.     En primer lugar, se plantea una diferencia entre un sentido negativo y otro positivo del universal incondicionado. El negativo consiste en que este universal incondicionado es la negación de los conceptos unilaterales que entraban en juego en la percepción, en tanto que unilaterales. Por el contrario, en sentido positivo, el universal incondicionado es la unidad del ser para sí y el ser para otro. 

2.     La unidad del ser para sí y el ser para otro equivale a lo que llama Hegel la “oposición absoluta”. La dificultad aquí es entender cómo se combina la unidad con la oposición. Lo primero es ver que oposición no es contradicción. Los extremos de una cuerda son opuestos, pero no se contradicen. Esta oposición es absoluta, precisamente, porque los opuestos son uno. Si los opuestos no fueran uno, la oposición sería relativa, no absoluta. Esto es, el para sí se opondría al para otro en tanto que para sí, y el para otro se opondría al para sí en tanto que para otro. La unidad impide que la oposición se dé “en tanto que…”, lo que significa que es absoluta. 

3.     Ahora bien, la oposición absoluta, dice Hegel, “parece que sólo atañe a la forma de los momentos uno respecto a otro”. Lo que aquí ‘atañe’ a la forma de los momentos es la oposición absoluta. La oposición absoluta será la forma de la relación entre el momento del para sí y el momento del para otro. La oposición -o contraposición- absoluta es la forma de su unidad, es la forma en la que son el mismo ser, de modo semejante a los extremos de una cuerda, que mantienen su unidad como momentos contrapuestos de lo mismo. 

4.     La oposición absoluta es la forma, pues, de los momentos del ser para sí y del ser para otro en cuanto a su relación o respectividad. Pero resulta que, además, el ser para sí y el ser para otro, como oposición absoluta, dice Hegel, son el contenido. Pero ¿el contenido de qué? Esto no lo dice expresamente en el texto. Tenemos que deducirlo. 

5.     Los momentos tienen la forma de la oposición absoluta, pero ellos, como oposición absoluta, son el contenido de otra cosa. Anteriormente, en el párrafo 1, Hegel ha dicho que “como la conciencia, en este movimiento, tendría como contenido solamente la esencia objetiva, y no la conciencia como tal, tenemos que para ella hay que poner el resultado en una significación objetiva…”. El contenido de la conciencia es la esencia objetiva, es decir, lo que es, para ella, como objeto. Pero ahora el objeto es el universal incondicionado. Lo que aquí se sostiene es que el único objeto posible ahora para la conciencia es este universal incondicionado en cuanto oposición absoluta del ser para sí y el ser para otro. El ser para sí y el ser para otro como oposición -o contraposición- absoluta son el único contenido posible de la conciencia. Cualquier otra cosa que se coloque como dicho contenido queda disuelta de nuevo – regresa- al universal incondicionado en que consiste la unidad de estos dos momentos. Cualquier otro contenido -y creo que en esta línea va la interpretación de Juanjo y Ximo-, será un ser para sí que es para la conciencia y, por lo tanto, será una oposición absoluta, que es la forma de la universalidad incondicionada. De hecho, la propia relación entre la conciencia y su contenido es una oposición absoluta -aunque creo que este resultado es todavía prematuro en este párrafo. 

Ocurre ahora que, si la interpretación es correcta, el resultado no parece difícil, simplemente se trata de que el único objeto posible para la conciencia, en el momento en el que la cosa de la percepción sucumbe, es el universal incondicionado, y esto será la condición de posibilidad de que la fuerza posteriormente funcione como una verdadera categoría. El universal incondicionado no sólo es tomado como objeto para la conciencia, sino que, como tal, es el único objeto posible. 

Lo universal incondicionado como objeto de la conciencia

Como objeto para la conciencia, lo universal incondicionado tiene dos momentos, que son viejos conocidos pues son los momentos que aparecieron en relación con la cosa para la percepción, pero ahora sin la cosa, en la universalidad incondicionada. 

Estos momentos son: 

1.     El ser para otro como ser medio universal de muchas materias subsistentes y que equivaldría a la disolución de la autonomía de la cosa

2.     El ser para sí como ser algo uno reflexionado dentro de sí, que supone la anulación de la autonomía de las materias subsistentes. 

Vemos que los momentos del universal incondicionado constituyen la anulación de la autonomía tanto de las materias subsistentes como de la cosa misma en su unidad. Esa mutua anulación condujo al sucumbir de la cosa, quedando la universalidad incondicionada. En esta universalidad incondicionada hay que pensar la unidad de esta mutua oposición en la que el ser para sí anula el ser para otro y ésta al ser para sí. Quedan anulados en su unilateralidad, pero en el universal incondicionado se dan ya no de forma unilateral, sino de otra forma. ¿De qué forma es posible unificar estos extremos? En este punto la respuesta de Hegel es que, aunque el ser para sí y el ser para otro se anulen, queda el transitar de uno a otro. Es bajo la forma del movimiento como se piensa la unidad del ser para sí y el ser para otro. 

Lo universal incondicionado como fuerza

Los momentos del universal incondicionado, tal como se exponen en dicho universal incondicionado, y no de forma unilateral, se presentan en un movimiento tal que el ser para otro como el subsistir de materias autónomas, se reduce a la unidad del puro ser para sí, que a su vez es desplegado de nuevo y vuelto a reducir. Hay entre los momentos del universal incondicionado un constante tira y afloja en el que cada momento va anulándose en el otro. Este movimiento consiste en ese anularse mutuo que, a la vez, hace posible los extremos que se anulan. 

Ese movimiento, dice Hegel, se denomina fuerza. No parece que esta vez el objeto universal incondicionado devenga otro objeto fuerza. La fuerza es el universal incondicionado, y lo era ya desde que apareció. Creo que Hegel simplemente introduce este nombre porque entendido como fuerza, el universal incondicionado adopta ya una forma inteligible, pues como fuerza podemos entender cómo los momentos se anulan y conservan constantemente en un movimiento en el que las materias se autonomizan, pasan a la unidad, se despliegan y se reducen de nuevo. 

La forma en la que Fink explica esta idea de fuerza a través de un ejemplo es muy ilustrativa. El calor, como fuerza, sólo existe en la medida en que calienta otra cosa lo que se calienta constituye un despliegue de la fuerza calorífera que sale de sí misma. Ese salir de sí misma para calentar le es esencial, por lo que hay una referencia dentro de ella misma a lo otro que debe ser calentado, que la solicita desde fuera y por ello es también su momento esencial. Ese despliegue, a su vez, conlleva una reducción o un retorno a la unidad de la fuente de calor, que es la que se está expresando. 

Los momentos del universal incondicionado son aquí la manifestación exterior y la fuerza propiamente dicha, que corresponde al momento de unidad. Aunque ese momento de unidad es la fuerza propiamente dicha, también es fuerza la totalidad de los dos momentos. Esa totalidad es una totalidad dinámica, no estática, como ya avanzó Hegel al principio del capítulo respecto al universal incondicionado. 

El movimiento en el que consiste la fuerza es un pasar de ser lo uno cuya manifestación exterior queda substanciada como otro que la solicita desde fuera a ser esa manifestación exterior siendo solicitada por el ser una, que ahora la solicita a la reflexión dentro de sí misma. Finalmente la fuerza misma es el estar reflexionada dentro de sí o quedar cancelada la manifestación exterior. 

La fuerza queda caracterizada como algo a lo que le es esencial lo otro de sí misma. 

Aportación Ximo

Ya que Felipe me pide una confesión de puño y letra acerca de la distinción entre «forma y contenido» en la relación de la conciencia con su objeto, intentaré satisfacerle. Creo que es acorde con lo que él mismo ha explicado.

a) Contenido. Refiere a que el universal incondicionado (unidad del ser para sí y ser para otro) es el objeto que se presenta (o considera) en este momento la conciencia. Universal incondicionado es su objeto, su contenido.

b) Forma. Refiere a  la manera (forma) de la relación que guardan entre sí objeto (universal incondicionado) conciencia, esta relación entre conciencia y objeto tiene asimismo la forma del universal incondicionado (identidad del ser para sí y ser para otro).

Dado que el universal incondicionado es fuerza, ocurre que la relación de la conciencia con su objeto no es sino un juego de fuerzas. O más precisamente, momentos de la fuerza en su unidad y desdoblamiento. Rendido y arrastrado ya por el embrujo dialéctico imagino que de esta manera somos conducidos a la «anunciada» identidad sujeto-objeto, conciencia-objeto.

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