11ª Sesión: La fuerza como concepto – párrafos 5-10

Presentador: Juanjo

Sesión del 18 de febrero de 2022

Fragmento: CAP. III – FUERZA Y ENTENDIMIENTO, FENÓMENO Y MUNDO SUPRASENSIBLE, párrafos 5-10

Asisten: Ximo, Felipe, Juanjo, Rubén, Emérito, Juanma.

I. Exposición del capítulo por el presentador (Juanjo)   de la sesión: 

En este apartado, Hegel, partiendo de lo universal incondicionado como objeto dinámico de la conciencia, primeramente determina el concepto de fuerza, y, tras determinarlo, lo analiza exhaustivamente, para acabar mostrando que la fuerza en el fondo es el concepto, o sea, lo interior de la cosa, o lo no objetivo o la realidad que debiera ser.

Ya vimos que la esencia dispone de movimiento propio y que por eso resulta ser lo universal incondicionado, la contraposición absoluta o la unidad del ser para sí y del ser para otro, y que, ante la conciencia, el ser para sí reviste el aspecto, o cobra el contenido, de lo uno reflejado en sí mismo, mientras que el ser para otro se concreta en el médium universal de la multiplicidad de las materias independientes. Ahora se trata de articular este contenido, que por ser movimiento ya no tiene partes ni lados como tenía la cosa, sino momentos de transición. Tal articulación no es más que la determinación del concepto de fuerza, determinación que también se lleva a cabo mediante aquella triple negación, usada en la determinación del concepto de cosa. La primera negación, la indicadora o distinguidora, dejando a un lado el momento del ser para sí de lo universal incondicionado, o sea, el momento de la esencia, muestra su ser para otro, que aparece tanto como médium universal como la subsistencia de la multiplicidad de las materias independientes; pues, con un movimiento inmediato -es decir, no mediado-, el médium universal se despliega en sus múltiples materias independientes y, con un movimiento igualmente inmediato pero a la inversa, la multiplicidad de las materias independientes se repliegan en el médium universal. Este movimiento de despliegue y repliegue, de aparición y desaparición, de exteriorización y reflexión dentro de sí de las materias independientes, es tanto el “CONCEPTO DE LA FUERZA” del entendimiento -pues la fuerza, como la unidad inmediata de la diferencia (la de la fuerza exteriorizada respecto a la fuerza replegada), se da solamente en el entendimiento, en el pensamiento-, tanto es ese concepto, digo, como el “CONCEPTO COMO CONCEPTO” -pues el concepto, según el concepto de fuerza, es fuerza: unidad inmediata de la diferencia (la de la fuerza exteriorizada respecto a la fuerza replegada)-,. Así, pues, en el concepto, la fuerza se presenta en su forma más simple y pura, al desnudo, tal como ella es, completamente objetiva; Hegel lo expresa mejor:

“Pero, de hecho, [en el concepto] la fuerza es lo universal incondicionado que es en sí mismo lo que es para otro o que tiene en sí mismo la diferencia, pues no es otra cosa que el ser para otro.”

FCE 84

Sin embargo, la fuerza también es real, es la esencia. No podemos seguir dejando la esencia a un lado ; ha llegado la hora de considerar el momento del ser para sí, el momento del uno reflejado en sí mismo, el momento de la negación simple o excluidora. La fuerza como uno reflejado en sí mismo es la fuerza sustantivada, reflejada dentro de sí, indiferenciada y, por todo ello, contrapuesta a otra fuerza sustantivada, independiente y desplegada en sus diferencias. Pero tampoco podemos detenernos en esta negación, pues esto no sería determinar el concepto de fuerza real, sino escindir la fuerza en dos mitades o romper la unidad de la esencia; por lo que llega el momento de la tercera negación, la negación de la negación, que niega el carácter de realidad última de esas dos sustantivaciones, que así quedan reducidas a dos momentos diferentes, superficiales y evanescentes, de una única auténtica fuerza real. Ahora ya hemos articulado el contenido que presenta a la conciencia lo universal incondicionado, ya hemos determinado el concepto de fuerza real.

Pero ahora se presenta el problema de entender cómo dos fuerzas contrapuestas entre sí y por ende independientes pueden ser en el fondo dos momentos diferentes de una misma fuerza. Para resolverlo, Hegel analiza meticulosamente el movimiento de este par de fuerzas contrapuestas entre sí en el que se manifiesta la única fuerza real, la esencia, y encuentra que este movimiento es el de la percepción sensible:

“[movimiento] en el que ambos lados, el que percibe y lo percibido, al mismo tiempo, se hallan, de una parte, como la aprehensión de lo verdadero, unidos e indistintos, pero en el que, al mismo tiempo, cada lado se refleja en sí o es para sí. Estos dos lados son aquí momentos de la fuerza; son en una unidad como la unidad que aparece como el medio con respecto a los extremos que son para sí y se escinde siempre precisamente en estos extremos, los cuales sólo son de este modo.”

FCE 85

Y, lejos de excluirse mutuamente, se solicitan el uno al otro, son el uno para el otro, porque los dos son esencialmente la misma fuerza: movimiento de despliegue y reducción de las diferencias. Y, por eso mismo, la contraposición de ambos momentos entre sí no es un verdadero antagonismo, sino un juego de fuerzas; el cual consiste en el ser la una por medio de la otra, de modo que la una se exterioriza -pasa de lo uno a lo múltiple- porque la otra se refleja dentro de sí -pasa de lo múltiple a lo uno-, y viceversa: la otra se refleja dentro de sí -pasa de lo múltiple a lo uno- porque la una se exterioriza -pasa de lo uno a lo múltiple-. Lo cual muestra que la escisión de la percepción sensible en sus dos extremos -lo percipiente y lo percibido- es en realidad un desdoblamiento de una misma fuerza: de ese “PASO” de lo uno a lo múltiple y viceversa, de esa “UNIDAD INMEDIATA DE LA DIFERENCIA”, (la diferencia de la fuerza exteriorizada respecto a la fuerza replegada), ofrecida en su verdad (aletheia) en el concepto. Y esto a su vez significa que el movimiento que constituye la percepción sensible, o sea, el juego de fuerzas en el que se expresa la única auténtica fuerza real, la esencia, no es sino el desdoblamiento del “CONCEPTO COMO CONCEPTO” -recuérdese que el concepto, según el concepto de fuerza, es fuerza: unidad inmediata de la diferencia-. De donde se desprende que la única auténtica fuerza real es el “CONCEPTO COMO CONCEPTO”; y que, por lo tanto, lo real, lo verdadero, la esencia, lo universal incondicionado es el concepto.

Por tanto, la substantivación de la percepción sensible -la cosa- es derrumbada de nuevo por el movimiento conceptual; pero ahora no por el de la contradicción interna de una multiplicidad de conceptos unilaterales, sino por el movimiento del concepto en su concepto, en su generalidad, en su totalidad, en su unidad como unidad inmediata de la diferencia, en su unidad como la fuerza objetiva o la fuerza en sí. “La verdad de la fuerza se mantiene, pues, solamente como el pensamiento de ella; y los momentos de su realidad [o sea, la cosa], sus sustancias y su movimiento, se derrumban sin detenerse, en una unidad indistinta que no es la fuerza repelida hacia sí misma (ya que ésta sólo es, a su vez, uno de tales momentos), sino que esta unidad es su concepto como concepto. La realización [Realisierung] de la fuerza es, por consiguiente, al mismo tiempo, la pérdida de la realidad [Realität] [coseidad]; la fuerza ha devenido así más bien algo totalmente otro, a saber: esta universalidad que el entendimiento conoce primeramente o de un modo inmediato como su esencia y que también como su esencia se muestra en su realidad [Realität] [coseidad] que debiera ser, en las sustancias reales.” (FCE 88). Esta última frase significa que la fuerza resulta ser tanto la esencia del entendimiento -el concepto- como la esencia de la percepción sensible -la cosa, la realidad que debiera ser, o la fuerza como substancia-. Con lo que el entendimiento pasa ahora a tener dos universales como objeto: el concepto y la cosa o viceversa. La cosa y el concepto son ahora su objeto, en cuanto que por medio de la pérdida de la coseidad de la cosa, por medio de la descosificación de la cosa, por medio de la negación concreta de la cosa, por su mediación o superación, el concepto se le muestra como la realidad que debiera ser , como lo interior de la cosa en cuanto interior, que es lo mismo que el concepto como concepto, que no es sino lo negativo de la fuerza sensible objetiva; es la fuerza tal y como es en su verdadera esencia, solamente en cuanto objeto del entendimiento. La cosa, como fuerza, es la fuerza como substancia o la fuerza repelida hacia sí misma, la fuerza no objetiva. O, a la inversa, el concepto y la cosa son el objeto del entendimiento en tanto que este, partiendo del concepto en sí, lo cosifica. La cosa, en esta relación a la inversa con el entendimiento, se muestra aun  más claramente como la realidad que debiera ser y como la fuerza en y para sí, o sea, como la fuerza como substancia, fuerza repelida hacia sí misma, fuerza que a perdido su simplicidad y pureza, su carácter objetivo.

II. Discusión y aportes.

2. Aportación Felipe

Quién le escribía versos, dime quién era…

En esta sesión volvemos a retomar buena parte de lo que hemos visto ya en las anteriores para dar un pequeño paso adelante. En el fragmento se establece el concepto de fuerza, que será fundamental para lo que sigue.

El texto está alcanzando un nivel de complejidad tal, que me veo tentado a pensar que no hay diferencia entre entenderlo o no. Creo que ante esta oscuridad se hace necesario que el lector ponga algo de su parte. Hay que ir asumiendo hipótesis acerca del sentido del texto que luego se verán, o no, confirmadas al terminar el libro, o tal vez al releerlo, o quizás nunca.

Lo que escribo aquí no es una exposición del texto, sino una de esas hipótesis de lectura, que comparto para su discusión. No voy a redactar mi aportación efectiva a la sesión, si es que la hubo. Lo que haré más bien es exponer el resultado de esta sesión en mi interpretación del texto, tras haber sido enriquecida con la rigurosa exposición de Juanjo y las aportaciones del resto de participantes, incluyendo las abismales resistencias de Ximo, que me ponen en situación de tener que defender a Hegel (quién sabe si, después de todo, lo merece).

El principal argumento de este fragmento consiste en el paso del concepto de fuerza a la fuerza como concepto. Cuando hablamos del concepto de fuerza, asumimos que la fuerza no es el concepto, del mismo modo que el concepto de mesa no es una mesa. El concepto de fuerza es pensamiento, pero la fuerza es ahora la figura del objeto. Queremos pasar del concepto de fuerza a la fuerza misma, no queremos ver a la fuerza como un pensamiento, sino captarla como lo que ella es. Para ello, el pensamiento debe replegarse y dejar en paz a la fuerza, para que se desarrolle ella misma. Debemos asistir en silencio a su despliegue. Esta retirada del pensamiento, que libera a la fuerza, asume que ésta es objeto independiente del pensamiento. Este objeto, que ya no es una cosa, resulta finalmente insostenible, por carecer del sostén de la sustancialidad, y deviene otra cosa. El resultado será la comprensión de la fuerza, no ya como objeto, sino como concepto. Veamos este paso con más detalle. 

La fuerza es el universal incondicionado que resulta de la experiencia dialéctica de la percepción. En este universal incondicionado, que se nos presenta como objeto, distinguimos los momentos del medio universal de las materias y del uno replegado dentro de sí. Estos momentos, que corresponden respectivamente al para otro y al para sí, se dan en el universal incondicionado, no ya como determinidades de una cosa, que ha sucumbido, sino como momentos de un movimiento de despliegue (medio universal) y repliegue (uno reflejado en sí). Es a este movimiento a lo que Hegel llama fuerza.

En la fuerza el movimiento de despliegue corresponde a la exteriorización de la fuerza, y el repliegue al movimiento opuesto de volver, (o ser forzada a volver) la fuerza dentro de sí. La fuerza consiste, por lo tanto, en un exteriorizarse y un volver a sí que se necesitan mutuamente. La fuerza dentro de sí no es nada si no se exterioriza. El calor que no calienta, no es calor. Sin embargo, si esta fuerza que se exterioriza no fuera forzada a volver a sí, se disiparía en la nada. La fuerza que se exterioriza encuentra resistencia, una resistencia que la repele, que la hace volver dentro de sí. Quien ejerce una fuerza sobre una pared, ve su fuerza contrarrestada por la resistencia de ésta. La fuerza, exteriorizándose, vuelve dentro de sí. Pero de nuevo, si ese volver dentro de sí no se exteriorizara, estaríamos ante la aniquilación completa de lo múltiple implosionando sobre sí mismo hasta volverse punto inextenso y luego nada. Estos dos momentos se requieren mutuamente, se necesitan y sólo se sostienen en el tránsito de uno a otro. 

Éste sería el concepto de la fuerza. Pero queremos captar la fuerza en su realidad efectiva. En su realidad efectiva la fuerza no está sola, sino que, como fuerza vuelta dentro de sí, es solicitada para exteriorizarse por el medio universal que sostendrá su exteriorización, que es otro respecto a la fuerza replegada dentro de sí. A su vez, ese medio universal es solicitado por la fuerza replegada dentro de sí, puesto que ésta necesita exteriorizarse. Así, eso otro que solicita y que es a su vez solicitado, es otra fuerza.

Estamos viendo la fuerza como objeto, lo que supone ponerla como substancia. La fuerza sustantivada es alguno de sus momentos, que se presentan como momentos autónomos, pero que cancelan mutuamente esa autonomía. Ahora tenemos dos fuerzas que se enfrentan, solicitándose y resistiéndose mutuamente. Esa es la realidad efectiva, operativa, de la fuerza. En esta realidad efectiva, las fuerzas parecen tener autonomía. Pero finalmente comprobamos que no la tienen. La fuerza que se exterioriza es solicitada a hacerlo por otra fuerza que, a su vez, es solicitada como medio universal por la primera y que, además, también la solicita para que vuelva dentro de sí. Esta existencia contrapuesta es un juego de fuerzas. Pero este juego de fuerzas es insostenible, considerado como objeto. La sustancia es lo que permanece, pero aquí nada permanece sino que, en cuanto atendemos a cualquiera de los momentos, nos vemos envueltos en un torbenillo sin reposo: lo solicitante es solicitado en la medida en que es solicitado para solicitar… El texto de Hegel aquí es claro: 

[…] estos momentos no aparecen distribuidos entre dos extremos independientes que se enfrenten sólo en sus vértices contrapuestos, sino que su esencia consiste pura y simplemente en esto: en que cada uno sólo es por medio del otro y en no ser inmediatamente en tanto que el otro es. Por tanto, no tienen de hecho ninguna sustancia propia que las sostenga y mantenga. […] La verdad de la fuerza se mantiene, pues, solamente como el pensamiento de ella; y los momentos de su realidad, sus sustancias y su movimiento, se derrumban sin detenerse en una unidad indistinta que no es la fuerza repelida hacia sí misma (ya que ésta sólo es, a su vez, uno de tales momentos), sino que esta unidad es su concepto como concepto. 

FCE

No es propio de una sustancia el “ser por medio de otro y no ser inmediatamente en tanto que el otro es”. La fuerza, entendida desde la sustancialidad del objeto, se derrumba en una unidad indistinta. Esta unidad indistinta ya no es objeto, pues en el objeto se distinguen los momentos en su evanescente ir y venir. La unidad indistinta es concepto. A modo de pueril ejemplo, podemos considerar que, como objeto, un árbol tiene una parte delantera y otra trasera, y que ambas se solicitan, y que la delantera lo es porque hay una trasera y viceversa, y que la trasera es ahora la que antes era la delantera… pero toda esta multiplicidad de momentos enfrentados en un juego sin fin, sólo alcanza la unidad en el concepto, pero este concepto ya no es el concepto de árbol, sino el árbol como concepto, pues sólo en él se reúne su totalidad. Lo que descubrimos aquí es que la fuerza misma es concepto, pues en la realidad efectiva de la misma, entendida como objeto, ninguno de sus momentos se sostiene.

Aportación Ximo

En este caso solo quería agradecer a Felipe este sencillo ejemplo del árbol que ayuda a comprender esa afirmación aparentemente tan extraña al sentido común de que «la realidad es pensamiento». En este caso referido al concepto de fuerza, objeto del pensamiento, «concepto como concepto».

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