7ª Sesión: La percepción contradictoria de la cosa

Párrafos 6-12 del CAPÍTULO II: La Percepción

7º Sesión. 21 de enero de 2022.

Presentador: Ximo.

Asisten: Ximo, Felipe, Juanjo, Rubén, Emérito, Juanma

I. Breve exposición del capítulo por el presentador (Ximo)   de la sesión: 

Sesión 21 de enero.

La percepción contradictoria de la cosa.

Para realizar esta breve exposición escrita he revisado la grabación de la presentación oral,  a la vez que he vuelto a consultar a Fink y a releer el fragmento de la  Fenomenología. Tras estas múltiples singladuras -así como gracias a la paciente ayuda de Juanjo- creo, aunque  no descarto la posibilidad de la ilusión ni  la multiplicidad de las ilusiones, haberme acercado  al hilo lógico del fragmento.

1. Partimos del objeto de la percepción ya constituido; la cosa de la percepción, comprendida como unidad y multiplicidad, es una y a la vez constituida por múltiples propiedades. Precisamente la imposibilidad de armonizar lógicamente en sí mismo estas dos «caras» del objeto o cosa es lo que nos llevará a tener que superar la percepción.  Pero no adelantemos acontecimientos. Vayamos a la descripción -o análisis del fragmento.

Tenemos que captar el objeto. En esta captación debemos comportarnos en una pura aprehensión, ya lo hemos visto en el capítulo anterior dedicado a la certeza sensible, para evitar cualquier alteración o  modificación del objeto.

Comenzamos por distinguir los dos polos con los que se constituye  la percepción.  

a) El objeto . Es lo igual a sí mismo, lo verdadero, esencial. Lo que no puede ser contradictorio en sí mismo.

b) La conciencia. La parte activa, pero que es lo variable o inesencial. ( De momento o en este nivel de análisis)

En esta experiencia (siempre es una comparación concepto/objeto, saber/objeto) que la conciencia hace de sí o de su saber cabe la posibilidad de una captación fallida de la cosa, la ilusión o el error. Pero este error no puede proceder del objeto, pues este es lo igual a sí mismo, lo que excluye la contradicción. Por tanto el error debe estar en el polo de la actividad, en la percepción misma, en el saber acerca del objeto. «Algo debo estar haciendo mal» se dice a sí misma la conciencia cuando entra en contradicción al comparar los momentos de la aprehensión , si hay una desigualdad entre objeto y percepción, no es una no verdad del objeto -este es lo igual a sí mismo, sino una no verdad de la percepción.

2. Describir esta experiencia que la conciencia hace de sí misma es describir el comportamiento de la conciencia frente al objeto. Y aquello que primeramente se describe, lo que ocurre, es el desarrollo de las contradicciones ( por imposibilidad de armonizar en el objeto unidad y multiplicidad:  brevemente expuesto, la conciencia va variando sus concepciones del objeto intentando salvar las contradicciones que le van surgiendo;   se parte del objeto como uno, singular, pero al aparecer la propiedad, aparece la universalidad que  implica la comunidad (lo común, gracias Felipe), la continuidad, pero estas arruinan lo singular, ahora debemos pensar las propiedades como excluyentes, ora como indiferentes..   ) que conducen a la disolución del objeto de la percepción en el puro ser sensible, un regreso por tanto al estadio anterior que pensábamos habíamos superado.

 3. Sin embargo algo se ha ganado. La conciencia retorna a sí misma. Se hace presente -patente- el lado del sujeto, del yo,  de la actividad.

Tenemos aquí una analogía con lo ocurrido en la certeza sensible, en la prueba de la verdad al fracasar en el objeto se trasladaba al yo el lugar de la certeza. Ahora no, ahora la conciencia es el lugar del error, este no puede estar en el objeto,  recordemos lo anterior: el objeto es lo igual a sí mismo, lo que no puede ser contradictorio. La conciencia, el sujeto,  aparece como el lugar de la no verdad, aparece un yo culpable, incapaz. Sin embargo esto se torna positivo, si la conciencia o el yo es el causante del error, en la medida en que es consciente de ello, cabe la corrección -sustraer lo erróneo y restituir lo verdadero. Esta conciencia ya sabe que no puede mantenerse aparte, está inmersa activamente en la constitución activa de la cosa de la percepción. 

En la conciencia, en el sujeto, recae ahora la tarea de salvar -restaurar- la cosa de la percepción.

4. La conciencia, el sujeto,  asume la multiplicidad y de esta manera la cosa mantiene la unidad.

Las propiedades solo lo son en relación al sujeto. La cosa sólo es blanca ante los ojos, el sabor salino ante la lengua o cúbica ante el tacto.» Son distintos lados que se nos manifiestan,  no los sacamos de la cosa misma sino de nosotros. Y estos lados se presentan de manera distinta a nuestros sentidos, nosotros somos el medio universal en que todos esos lados se separan.»

5- 6.  La cosa asume la multiplicidad, la conciencia o sujeto  asume la unidad

  Pero ocurre que estos diferentes lados son determinados, lo blanco excluye a lo negro etc. la cosa es blanca y también cúbica, también de sabor salino,  la cosa es también el medio universal. La cosa misma es la subsistencia de múltiples propiedades distintas e independientes , pero la unificación de estas propiedades corresponde a la conciencia. 

«la conciencia asume el ser uno solamente cuando aquello que llamamos propiedad se representa como materia libre (…) la cosa se convierte en una suma de  materias, y, en vez de ser un uno, pasa a ser solamente la superficie que las implica«

7.  El problema no es la conciencia, el problema es la cosa misma.

La conciencia, no es la causa del error, ella lo hace todo bien:

«La conciencia hace alternativamente tanto de sí misma como también de la cosa el uno puro y sin multiplicidad como un también disuelto en materias independientes

El problema lo tenemos en la cosa misma de la percepción. No puede asumir en sí misma la unidad y la multiplicidad que presupone, solo es una si la conciencia asume la multiplicidad (la universalidad) y solo es múltiple si la conciencia asume la unidad. Y es alternativamente una y otra cosa.

Hay que seguir… subiendo.

II. Discusión y aportes.

2. Aportación Felipe

Planteamiento general

En el fragmento anterior Hegel ha expuesto el concepto de la cosa, que finalmente consistió en la unión de dos momentos: el también, como universalidad positiva, y el uno como momento negativo y excluyente.

En este fragmento Hegel expone la experiencia de la conciencia en su acto de aprehender el objeto así constituido. Esta experiencia implica un comportamiento de la conciencia respecto a su objeto. En el fragmento se exponen dos especies de este comportamiento de la percepción. Estas dos formas de comportarse la conciencia respecto al objeto son las dos formas en las que la conciencia trata de aprehenderlo tal y como es en sí mismo. En ambos casos la conciencia fracasa. El fracaso está dado porque la conciencia asume como criterio de verdad la igualdad consigo mismo del objeto. Esta igualdad consigo mismo del objeto (seipseigualdad, en la traducción de Antonio Gómez Ramos) no puede ser sostenida a pesar de que la conciencia trata de hacerlo. Las dos formas de comportarse en la aprehensión son las dos estrategias que en este fragmento lleva a cabo la conciencia para salvar la seipseigualdad, o consistencia interna, del objeto. Antes de exponer estas dos formas de comportarse la conciencia y sus respectivos fracasos, comentaré las que, a mi juicio, son las premisas básicas de la argumentación: lo que llamaré la actitud perceptiva y el criterio de verdad, que ya hemos mencionado. 

Premisas de la experiencia contradictoria de la conciencia

La actitud perceptiva

La actitud perceptiva está expuesta al principio de nuestro fragmento: 

Así es como está hecha, pues, la cosa de la percepción; y la conciencia está determinada como percipiente en tanto que esta cosa sea su objeto; tiene solo que tomarla, y comportarse como un puro aprehender; lo que así le resulte a ella es lo verdadero. Si, en ese tomar, ella hiciera por sí misma alguna cosa, añadiendo o quitando, cambiaría la verdad.

Hegel: Fenomenología del Espíritu, CAP II (Trad. Antonio Gómez Ramos)

La percepción consiste en un puro aprehender que ni quita ni añade nada a la cosa. Esta es la actitud que adopta cualquiera cuando, en la vida cotidiana, considera que ha percibido algo. Si percibo algo lo hago en la medida en que me mantengo al margen y tomo la cosa misma. En el momento en el que mi percibir manipule el objeto, añadiendo o quitando, ya no hablamos de percepción, sino más bien de ilusión o de error (si no engaño o autoengaño). Esta actitud fracasa en la medida en que la ontología que proyecta sobre su objeto, su forma de entender el objeto conduce a inconsistencias y contradicciones. 

El criterio de verdad: la ‘seipseigualdad’

La segunda premisa que desencadena toda la experiencia dialéctica de la conciencia perceptiva es su criterio de verdad. Se trata del criterio de verdad de la percepción. Este criterio es la igualdad consigo mismo del objeto o, como traduce Antonio Gómez Ramos, la seipseigualdad. No es el criterio de verdad de Hegel, sino el criterio de verdad propio de esta forma de conciencia que, en su fracaso, quedará también cancelado (o anulado o superado). Cuando se percibe, la propia percepción asume que su objeto ha de ser igual a sí mismo, debe ser consistente. Las contradicciones deben ser resueltas a favor del objeto, este no puede fallar. Si dicha contradicción se produce, la conciencia asumirá que ésta no está en el objeto, sino en su modo de captarlo. 

Estas condiciones, la actitud perceptiva y el criterio de verdad como seipseigualdad no son nada extravagante, sino los presupuestos de cualquier percepción ordinaria. No estamos dispuestos a asumir que algo que percibimos es, en sí contradictorio, si lo parece, asumiremos que somos nosotros quienes introducimos la contradicción, no la cosa. Tampoco consideraremos que estamos percibiendo nada si alteramos, con nuestra actividad, el objeto, de forma que ya no lo percibimos como es en sí. Esta es la actitud natural, no filosófica. 

Primera forma de comportarse la conciencia perceptiva: la conciencia que se equivoca

La primera forma de comportarse la conciencia en relación con su objeto lleva, según Hegel, a un círculo que no sólo se cancela en cada uno de sus momentos, sino que se cancela como un todo.

Ahora la conciencia actúa con ingenuidad asumiendo la cosa tal como se presenta. El problema es que inmediatamente la percepción se da cuenta de que la cosa no era verdaderamente como se le presentó. La conciencia no puede asumir que la propia cosa es contradictoria y que ora se presente de una forma y otra de otra. La actitud de la conciencia aquí consiste en asumir ella la contradicción. La forma en la que la conciencia resuelve la contradicción es asumir que su percepción fue errónea (tras cada paso en falso, Hegel dice que la percepción toma conciencia de que no aprehendía correctamente el objeto).

Este proceso de percepción-consciencia del error-corrección se desenvuelve a través de las siguientes fases: 

  1. El objeto se ofrece como puro Uno.
  2. Pero el objeto tiene propiedades universales que, por su propia universalidad, trascienden la individualidad de la cosa. El ‘ser-amarillo’ de la cosa obliga a considerar a la cosa en un continuo formado por todas las cosas amarillas. Las propiedades son lo que las cosas tienen en común y por lo tanto el objeto, en la medida en que tiene propiedades universales, no es un puro Uno. 
  3. El objeto debe ser tomado como una comunidad.
  4. Las propiedades que trascienden la individualidad de la cosa y la ponen en contacto con lo común son, sin embargo, propiedades determinadas. El ‘ser-amarillo’ lo es porque no es rojo, ni azul, ni ningún otro color. Se introduce un corte en el continuo de lo común. La cosa no remite a la comunidad de lo que es como ella, sino a lo que ella no es.
  5. La cosa debe ser tomada como Uno excluyente
  6. En la cosa, separada de todas las demás cosas, hay un conjunto de muchas propiedades. La cosa es blanca, y también pesada, y también… etc. Estas propiedades conviven sin molestarse entre sí, no se excluyen unas a otras y, por supuesto, la cosa misma no las excluye. La cosa, más bien, es el medio común de muchas propiedades, o medio comunitario universal
  7. La cosa debe ser tomada como medio comunitario universal
  8. El percibir no percibe el medio, sino lo mediado, que es cada una de las propiedades. Cada una de ellas no es un medio universal, sino una propiedad singular que es para sí. Esto significa que lo que verdaderamente se percibe es una propiedad determinada, independiente de las demás. 
  9. Lo que percibo es la propiedad singular
  10. En el punto anterior ya no se dice que la cosa, o la esencia objetual deba ser tomada como esto o aquello. La cosa nos ha desaparecido. La percepción se ha ido enfocando hasta que se ha ajustado al nivel de la propiedad singular. Pero la propiedad singular, si no es percibida como propiedad de una cosa y frente a otras, no puede ser considerada como una propiedad en absoluto. La propiedad singular, considerada al margen de la cosa y de otras propiedades pierde el carácter negativo en que consiste ser una propiedad determinada (ser una propiedad determinada es no ser una cosa y no ser otras propiedades que se le contraponen). La propiedad, sin el carácter negativo es un puro ser sensible. 
  11. Finalmente, la conciencia sale completamente del percibir y regresa dentro de sí. La percepción, ha quedado ahora disuelta, pues el puro ser sensible que se le presenta ahora, ya no es objeto para ella, sino el íntimo querer decir de la certeza sensible (o la ‘suposición’, en la traducción que hace Wenceslao Roces de ‘Meinen’). Se puede discutir aquí si en este punto la conciencia ha dado un paso atrás y ha vuelto al estado anterior, correspondiente a la certeza sensible, o si ha llegado a un punto distinto, pero todavía dentro de la conciencia percipiente. En mi opinión aquí la conciencia da un verdadero paso atrás y vuelve al estado anterior. Las razones para sostener esto son, en primer lugar, que Hegel dice literalmente en el texto que la conciencia “ha salido completamente del percibir” y no se me ocurre dónde va a ir si se sale del percibir si no es al momento anterior, puesto que la experiencia de la conciencia todavía no está ‘madura’ para avanzar a un estado superior. En segundo lugar, se afirma también en el texto que la conciencia aquí “regresa dentro de sí”. De dentro de sí es de donde no conseguía salir en la certeza sensible. La certeza sensible era incapaz de decir su objeto y se quedaba en un íntimo querer decir. La certeza sensible no consigue abandonar su intimidad más que cuando deja de ser sensibilidad para devenir percepción. En la percepción la conciencia va más allá de sí, hacia una cosa ya constituida. Pero en esta experiencia de la conciencia que acabamos de describir, la conciencia es repelida por la cosa y vuelve dentro de sí. ¿Qué es ese ‘dentro de sí’ sino la sensación inefable de la certeza sensible?
  12. “El ser sensible y el querer íntimamente decir pasan ellos mismos al percibir”. En este momento, la conciencia, que ha dado un paso atrás hasta la certeza sensible, por el desarrollo de su propia dialéctica, pasa de nuevo al percibir, tal y como se describió al final del CAPÍTULO I. Con esto el círculo se cierra y vuelve a comenzar todo el proceso de nuevo. 

Lo que ha aprendido de sus errores la conciencia que se equivoca

La conciencia, tras la primera experiencia circular que la devuelve a sí misma, no empieza de nuevo el proceso como si nada, sino que la experiencia la ha enriquecido. Ese enriquecimiento consiste en que no abandona ya esa reflexión a la que se ha visto obligada, sino que la integra dentro de la misma percepción. En un primer momento la conciencia era irreflexiva, por eso sale del percibir. Pero cuando reflexiona (vuelve dentro de sí) ya es una conciencia reflexiva, y con esa reflexividad percibe. Ahora, consciente de que su reflexión altera la verdad, asume lo falso sobre ella. De este modo la conciencia ya no resbala sobre un objeto cuya esencia es huidiza, sino que asume lo que se presenta incompatible con la unidad del objeto, en el primer momento, con su multiplicidad en el segundo.

Segunda forma de comportarse la conciencia: la conciencia que carga con el error

La cosa se determinó en el apartado anterior como configurada en dos momentos, el también de muchas propiedades (cosidad) y el uno excluyente. Ahora estos momentos aparecen como contradictorios, pues la cosa, o bien es Una, o bien es también o medio universal de la multiplicidad de propiedades. En el modo de comportarse inmediato de la percepción, que ya hemos recorrido, la conciencia resbala por estas determinaciones hasta ser totalmente repelida por el objeto, por la imposibilidad de integrar la unidad y la multiplicidad en él. 

La estrategia de la conciencia ahora, una vez asumida que su propia reflexión se inmiscuye, es tomar consciencia de esa reflexión y separarla. La cosa se presenta a la conciencia como uno, la multiplicidad, en consecuencia, vendrá dada por la propia conciencia. Es la conciencia donde se produce la multiplicidad de propiedades que se nos dan diferenciadas en el gusto, el olfato, la vista, etc. Esa diferenciación y multiplicidad no está en el objeto, sino que depende de la conciencia. 

Ahora bien, la cosa, si ha de ser una es porque se contrapone a otras cosas y eso sólo puede hacerse en la medida en que se diferencia de ellas. Así, la cosa necesita estar dotada, en sí misma, de determinidades que la distingan de otras. Estas determinidades distintas deben convivir en la misma cosa sin tocarse ni influirse, deben susbsistir. La cosa es ahora el medio universal, el también y la unidad cae en el lado de la conciencia. La conciencia, sin embargo, no puede unificar a la cosa borrando la diferencia entre las propiedades, sino que las articula aportando un ‘En-la-medida-que’, pues la cosa será blanca en la medida que no es roja, pesada, en la medida que no es ligera, etc. La cosa misma queda, sin embargo, como una mera colección de materias

Conclusión del fragmento

La conciencia podría caer ahora en otro círculo en el que volviera a percibir al objeto como una unidad, atribuyéndose la multiplicidad y posteriormente como una multiplicidad pero atribuyéndose ella la unidad. Eso no ocurre. Tras la doble experiencia dialéctica, a la conciencia se la presenta la cosa como albergando en sí misma la oposición entre la unidad y la multiplicidad. La conciencia ya no puede, mediante su propia actividad, evitar la contradicción en la cosa. Será, ahora, en la cosa misma donde deba resolverse la contradicción. 

3. Aportación Juanjo 

Juanjo apunta que la experiencia que la conciencia hace de la percepción simple o inmediata no muestra solamente el proceso necesario, el movimiento lógico de la disolución del objeto percibido, muestra asimismo y simultáneamente el de  la disolución de la conciencia percipiente, como es lógico y así lo reconoce Hegel cuando a párrafo seguido habla del retorno a sí misma de “la conciencia que de modo inmediato se mezcla en la pura aprehensión”.

Esta doble disolución representa para la conciencia misma, efectivamente, negar la percepción inmediata, salir de ella; pero para dar un paso adelante y superarse, no para dar un paso atrás y caer en la certeza sensible. Caída imposible, porque la percepción no es más que la superación de esta certeza, la nada de, la ausencia de, esto sensible; no es más que lo que queda de lo sensible tras haberlo filtrado, depurado, limpiado de lo singular inmediato. A la percepción no hemos llegado yendo de rositas, sino yendo en la nave de la certeza sensible, la que hubimos de quemar; ya no hay vuelta atrás. La conciencia no involuciona; una vez sabe algo, no puede ignorarlo; y ya sabe que la certeza sensible no conoce ninguna cosa, que la cosa es cosa de ella que puede percibirla. El salir de la conciencia desde su percepción inmediata se origina en esa percepción, por lo que es su concreta negación, su superación. Y por eso este salir de la conciencia se articula en los tres momentos característicos de toda auténtica superación: es un distinguirse la conciencia de su objeto retornando ella a sí misma (negación inmediata [del objeto de la conciencia] que muestra el lado propio de esta como diverso del de aquel), es también un excluirse conciencia y objeto contraponiéndose la una como lo ilusorio al otro como lo verdadero(negación simple que opone a ambos entre sí), y por último es la relación de ambos como conocimiento percipiente o percepción mediada (doble negación que opone a ambos en su misma esencia). Estos tres momentos explican por qué el salir de la percepción inmediata es al mismo tiempo un retorno de la conciencia a sí misma y un verse impelida a repetir la experiencia de la percepción; percepción que, al ser la superación de sí, conservando sin embargo la cosa como su objeto o concepto, ya será mediada.

Con esta superación que es el retorno de la conciencia a sí misma desde lo verdadero, la conciencia gana algo más que la capacidad de corregir su percepción. Capacidad que ya tenía y que ha venido ejerciendo en todo momento, por lo que ha podido superar esos momentos no solo uno a uno, sino también en su totalidad, superándose de este modo a sí; y es precisamente así cómo gana ese algo más: la conciencia de sí como lo ilusorio.

Esta nueva conciencia de sí como lo ilusorio le va a permitir adoptar una forma más precisa de corregir su percepción. Hasta ahora la forma de corregir su percepción era compararla con la abstracta pauta: la verdad de su objeto entendida como identidad, como igualdad consigo mismo, como no contradicción consigo mismo; de modo que si la percepción presenta una contradicción consigo misma, esta no es sino una ilusión debida a la forma de percibir, y en consecuencia ha de cambiarla por otra que no la presente. En cambio, ahora la conciencia conoce que la percepción inmediata de la cosa no puede presentarla idéntica a sí misma porque resulta alterada por la percepción misma, al ser conciencia y objeto seres opuestos; conoce que la ilusión no es debida a su forma de percibir, sino a sí misma, y consecuentemente corrige su percepción de la cosa distinguiendo como lo ilusorio de tal percepción y atribuyéndoselo a sí misma cuanto contradice la identidad de la cosa.

El resultado de esta corrección aparentemente purificante es que en un primer momento -y a causa de que la conciencia asume como su aportación, y por tanto como lo ilusorio, la multiplicidad, el también indiferente- la cosa se muestra en verdad como lo uno; pero en un momento posterior, reflexión del primero -y a causa de que la conciencia asume como su aportación, y por tanto como lo ilusorio, la unidad, la determinabilidad de lo uno-, la cosa se muestra en verdad como lo múltiple, el también indiferente.

Frente a este resultado y en defensa propia la conciencia percipiente acaba pensando que no es que ella misma sea lo ilusorio, sino que la cosa, aunque es una y la misma, está constituida por dos lados que son reflejo uno del otro: el de lo uno y el del también indiferente.

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