6ª Sesión: La percepción (el concepto simple de la cosa)

Vista detalle de una piedra de la que salen pequeños pelillos de hielo o escarcha

Presentador: Rubén Serralta.

Asisten: Felipe, Juanjo, Rubén, Emérito, Juanma.

I. Breve exposición del capítulo por el presentador (Rubén) de la sesión: 

SESIÓN 6ª (14/01/22) II. LA PERCEPCIÓN O LA COSA Y LA ILUSIÓN. EL CONCEPTO SIMPLE DE LA COSA (pág 71-73)

Por Rubén.

Como hemos intentado desentrañar en los fragmentos inmediatamente precedentes, la certeza sensible, que se nos aparecía en un primer momento como una verdad primigenia y con un grado de verdad indudable e inmensamente rico y directo, esta certeza, se nos revela como limitada en un segundo momento, ya que cuando intentamos profundizar en lo que su experiencia nos muestra, en ese estado íntimo e intransferible de la inmanencia, de la inmediatez), topamos con la limitación del lenguaje para transmitir todo ese estado interno, pero no por defecto del lenguaje, sino porque lo concreto es intransmisible; como vimos, la escisión entre el objeto (el “esto”) y el sujeto cognoscente (el “éste”), son a su vez, igual de “intransferibles” en cuanto a definición lingüística si de un momento concreto de la certeza sensible se trata; por ejemplo, por muchas definiciones o enunciados verdaderos que hagamos sobre la propia conciencia o sobre la sensación concreta, es imposible transferir esa sensación, ya que aunque efectivamente es, como verdad sensorial certera,  sólo podemos hablar de ella y de una manera sumamente imprecisa, no somos capaces de expresar por la vía del lenguaje lo que íntimamente queremos decir. Por el contrario, en tanto que ya no es,  ya que los “aquí” y “ahora” concretos son fugaces y contingentes (ahora es de noche, pero dentro de unas horas ahora será día), mientras que los “aquí y ahora” en general, no son ningún caso en concreto, pero todos los casos concretos sí que pertenecen a esas categorizaciones universales. 

Por tanto, este saber originario y primitivo, se nos presenta ahora como una verdad ruda y muy limitada. Pero, como vimos, en este mismo proceso, y sin salir de él, tenemos la respuesta a este callejón sin salida; de esta aporía se sale con el lenguaje, ese que nos parecía impotente para conocer y comunicar, ya que éste es impreciso y limitado con lo concreto, pero a su vez nos permite referirnos a lo universal, a este “aquí” y “ahora” que son todos los aquí  y ahora, pero ninguno en concreto. Es de esta contradicción (negación y luego superación) en terminología hegeliana, donde entra en juego el siguiente momento, la percepción, que niega, supera, pero a la vez contiene de alguna manera a la certeza sensible, se podría decir incluso, que la percepción se origina en los restos de la certeza sensible, destruida por la contradicción entre lo uno y lo múltiple. En palabras del propio Hegel: “Esta sal es un aquí simple y al mismo tiempo, múltiple; es blanca y es también de sabor salino (…) estas múltiples propiedades se dan en un simple aquí (…) no se afectan las unas a las otras en esta compenetración; lo blanco no  afecta o hace cambiar a lo cúbico, etc” (Fenomenología pág 72).

El fragmento que analizamos en esta sexta sesión, se sitúa entre las páginas 70 y 73 de la edición de la “Fenomenología del Espíritu” de FCE, traducción de Wenceslao Roces. Asimismo, me apoyé en la espléndida obra de Eugen Fink “Interpretaciones fenomenológicas de la Fenomenología del Espíritu”, de la Editorial Herder. Concretamente este fragmento (“La percepción o la cosa y la ilusión), se analiza entre las páginas 125 y 137. Este libro de Fink, considero que es muy clarificador a la hora de interpretar lo que nos dice directamente Hegel, ya que como es sabido, con frecuencia es complejo y en cierto modo, oscuro el propio texto de la “Fenomenología” para la mayoría de lectores.

Dicho esto y sin más dilación, vamos a pasar al análisis del fragmento mencionado:

Comienza Hegel diciendo “La certeza inmediata no se posesiona de lo verdadero, pues su verdad es lo universal; pero quiere captar el esto” (pág71). Con esto, Hegel sintetiza, creo,  lo dicho en los apartados anteriores. Como vemos, la certeza sensible, que quiere captar el “esto” el ser que se da aquí y ahora, lo concreto, acaba sin embargo intuyendo lo universal, que es el único conocimiento que la conciencia puede caracterizar, almacenar, reproducir, evocar o transmitir. Vamos a desarrollar esto un poco más; como vemos, todo conocimiento según este planteamiento contiene una mediación, una ontología, un percibir entidades o cosas, en eso consiste la percepción.

Pero ¿en qué consisten estas cosas? Como nos dice Fink, “el esto captado por los sentidos (lo coloreado, el sonido) es atribuido a un poseedor: la cosa tiene esa propiedad, la posee” (pág 130). El ente, la cosa, nos es presentado como lo uno (es una entidad) que posee lo múltiple (muchas características o propiedades). En otras palabras, el objeto se vuelve cosa, pero esta entidad no es solamente una suma de cualidades. Por cierto, que hay cualidades o propiedades que conviven armónicamente, o al menos no se entorpecen entre ellas, presentes en la entidad o cosa; pero por el contrario, existen otras propiedades que sí son excluidas de la entidad, por ser incompatibles. En el ejemplo de la sal, su sabor salino, su blancura y su forma cúbica, son compatibles dentro de la misma cosa. Serían estas propiedades “y… también”. Es blanca y también salada y también cúbica y también… Pero todas las propiedades que le pertenecen a la cosa, a su vez excluyen otras, es decir, si sabemos de este modo lo que la cosa sí es en este momento, también podemos, mediante la contraposición, mostrar algunas propiedades que la cosa no puede tener, como en nuestro ejemplo, sabor dulce o color negro, por ejemplo.  Las propiedades son “universal sensible” (Fink 132), es decir, una propiedad como “ser blanco”, hace referencia por un lado al todo lo blanco y por otro lado, se contrapone a todo el resto de la gama cromática, se vuelve un “ni..ni” (ni es amarillo, ni es negro, ni…). Debemos recalcar asimismo, que en la sal del ejemplo, el que posea la propiedad “ser-blanca” no la hace acaparadora absoluta y exclusiva de la propiedad universal “blancura”, sino que esa propiedad universal se explicita en ese aquí y ahora (junto a otras) y es lo que configura la coseidad de la cosa o esencia pura (Fenomenología pág 72).

Este concepto de contraposición, oposición o negación, parece que tiene una importancia crucial en el texto; la cosa es, pero al ser no-es otras cosas, es una existencia frente a la negación de otras propiedades y de otras cosas. Dice el propio Hegel a este respecto: “Lo uno es el momento de la negación, en cuanto se relaciona consigo mismo de un modo simple y excluye a otro y aquello que determina la coseidad de la cosa”. Lo uno, pues, existe frente a los otros, sea propiedad, sea cosa. Se nos plantea así la contraposición entre lo uno y lo múltiple, entre lo singular y lo universal.

También nos plantea el texto la cuestión referente a si las propiedades que percibimos las tiene en sí misma la cosa o depende de nuestro modo de aprehender lo sensible, es decir de la percepción. Estamos yendo un paso más allá de la certeza sensible, conviene recalcar ya que recordemos que aparecen conceptos ontológicos tales como la negación, la diferencia o la multiplicidad, además de las propiedades, conceptos que se dan en el instante del “aquí” y “ahora” de la certeza sensible, se dan a causa de la reflexión que hace la conciencia en su reflexión acerca del conocer en el siguiente paso dialéctico, en la percepción, donde la mediación ontológica se hace manifiesta. La cosa, no se contradice consigo misma, pero sí que podemos sacar falsas conclusiones de la aprehensión de la misma, originando así la ilusión. No se está negando, pues o poniendo en cuestión la verdad de la existencia de la cosa, sino indicando que el error de captación de la realidad existe, al menos como posibilidad.

En el último párrafo del fragmento, Hegel nos insiste en que “la cosa es lo verdadero de la percepción” (Fenomenología pág 73) y nos indica tres momentos en el desarrollo de este proceso perceptivo. Siguiendo la explicación de Fink, vemos que la percepción no puede limitarse a ser un pasivo recibir el objeto, eso quedó superado con el análisis de la certeza sensible, sino que la percepción es un proceso activo, donde se capta la cosa en sí, pero a través de unos procesos subjetivos, los cuáles se encuentran en el aprehender, no en el objeto aprehendido. Por ejemplo, si notamos sabor dulce en el azúcar es debido a que nuestros órganos sensoriales así nos lo transmiten. Se nos plantea el debate, que de momento quedará abierto sobre si podemos discernir entre como la cosa efectivamente es y como se nos presenta a nosotros.

II. Discusión y aportes

Juanjo

Juanjo piensa que la clave para entender este capítulo está en querer advertir cómo de la negación determinada de la certeza sensible surge necesariamente la percepción. Así comprendemos que Hegel empiece mostrándonos que el objeto de la percepción, la cosa, nace de la superación del objeto de la certeza sensible, el esto. Esta superación es, como vimos al final de su capítulo, el aquí y ahora sensible que integra y está integrado por infinitos aquí y ahora virtuales. Esto es lo que Hegel entiende por universal sensible, esto es en lo que se queda el objeto de la certeza sensible y de donde sale el de la percepción.

Una vez nacida, la cosa se desarrolla y madura mediante la determinación de los aquí virtuales. Sin embargo, esta determinación no es inmediata, sino que representa el desarrollo de la superación de la que nace la cosa. En efecto, la determinación de los aquí virtuales consta de tres momentos o, quizá mejor, consiste en una triple negación.

La primera negación (tesis) es la negación inmediata, consistente en el expresarse, mostrarse, indicarse, distinguirse, afirmarse… de lo negativo, el cual forma, en unión inmediata con el ser en general, el aquí, el universal sensible. Por la afirmación o concreción de lo negativo como distinguidor, el ser del universal sensible también crece, se afirma y se concreta en el ser de la cosa en general o coseidad. En este primer momento de la determinación de los aquí virtuales, estos ya se distinguen unos de otros cualitativamente, y de la cosa como medio indiferente que los reúne, el indiferente también; sin embargo, no pueden ser considerados como cualidades o propiedades, sino como materias compactadas por la coseidad, ya que aun no alcanzan el grado de concreción o determinabilidad de las propiedades; pues estas, además de distinguirse, se contraponen, excluyéndose unas a otras.

La segunda negación, la negación simple (antítesis), ha de ser, pues, y lo es, obra asimismo de lo negativo, pero ya no como distinguidor, sino como excluidor. Es decir: en este segundo momento de la determinación de los aquí virtuales vemos que la negación ejercida por lo negativo tiene dos lados mutuamente opuestos; uno de ellos es el distinguidor, el que al distinguirse precisamente a sí mismo distingue a un tiempo al ser y permanece unido inmediatamente a él, formando así la coseidad, el distinguido también indiferente; y el otro es el excluidor, el que al excluirse absolutamente a sí mismo del ser se suelta del ser y, atendiendo solo a sí mismo, lo deja como se queda él: reducido al abstracto uno; de modo que los aquí, anteriormente materializados y ahora fuera del medio que los aglutinaba, adquieren una mayor concreción, convirtiéndose en materias libres; pero aun necesitan una tercera negación para obtener la determinación de las verdaderas propiedades. 

El tercer y último lado de la negación, la negación de la negación (síntesis), es efectuada por lo negativo como diferenciador, que no es lo mismo que lo negativo como distinguidor. En la negación diferenciadora lo negativo simple, o sea, libre de su inmediata unidad con el ser en general, se muestra haciendo referencia al también indiferente como a su media naranja, como a su complementario. Y así nos aparece la cosa completa, consumada, en su concepto: “la negación en cuanto se relaciona con el elemento indiferente y se expande en él como una multitud de diferencias, irradiándose el foco de la singularidad en la multiplicidad en el médium de lo subsistente.” Las diferencias son los aquí anteriormente materializados y dispersos y ahora determinados como verdaderas propiedades; y lo subsistente es la coseidad determinada como cosa.

Felipe

En este fragmento (párrafos 1-5 del capítulo II – El concepto simple de la cosa) Hegel expone los momentos que constituyen a la cosa como la verdad de la percepción. La percepción es una superación de la sensibilidad en la medida en que no se limita a constatar el puro ser de lo que se le presenta, sino que toma las cosas como lo que son en sí mismas. 

La forma en la que el objeto se muestra en la percepción es como una cosa con muchas propiedades. La cosa tiene propiedades y, las propiedades, lo son de una cosa. Carece de sentido hablar de cosa sin propiedades, y la propiedad sólo se nos presenta como propiedad de una cosa. 

La propiedad es la negación determinada o superación (aufheben) del esto de la sensibilidad. Conserva, en consecuencia, la inmediatez de lo sensible, pero negada como universal. El esto que es amarillo, suave, pesado, etc. se convierte en un ser amarillo, suave, pesado, etc. El ser-amarillo, como propiedad, no es este amarillo o el otro, por lo que es un universal. Pero es un universal que conserva lo sensible y está condicionado por ello. 

La propiedad, para ser verdadera propiedad, debe serlo de una cosa. Pero la cosa no es un ser inmediato, sino el resultado de dos momentos. En un primer momento, la cosa es mera cosidad (Dingheit), que deviene cosa en un segundo momento. La propiedad, en consecuencia, es mera determinidad en relación con la cosidad y sólo deviene verdadera propiedad “en virtud de una determinación que habrá de añadirse”. 

El primer momento, en el que se constituye la cosidad, las propiedades aparecen como estando juntas en un aquí y un ahora, compenetradas, de hecho, sin molestarse ni afectarse entre sí. En este sentido, las propiedades no colman a la cosa ni pugnan por hacerse sitio en ella. La relación entre las propiedades es de mera indiferencia. Esta indiferencia es lo que Hegel denomina el También. La cosa es amarilla, y también grande, y también pesada, etc. El También es el medio abstracto universal en el que consiste la cosidad. Es una universalidad positiva, puesto que es la mera reunión de determinaciones que se refieren sólo a sí mismas, sin entrar en conflicto con las otras. Estas determinaciones son cada una de ellas para sí y cada una de ellas está libre de la otra, aunque todas están reunidas en el mismo aquí y ahora bajo la forma del indiferente también

La cosa no puede limitarse a ser un mero reunir propiedades, sino que también debe ser un excluir de otras, puesto ha de ser determinada. Y las determinidades de la cosa no se relacionan sólo entre sí, desde el indiferente también, sino que para estar determinadas deben excluir a otras como contrapuestas. La cosa es amarilla y no es roja aunque sea pesada y también grande, etc. Lo que el carácter determinado de las propiedades excluye, tiene que estar fuera del conjunto de esas propiedades que, una junto a otra, constituyen la cosidad. Si el ser-amarillo excluye al ser-rojo, el ser-rojo no puede estar junto al ser-amarillo en el medio universal de la cosidad. Por ello, el carácter determinado de las propiedades, al excluir otras, trasciende al medio universal y, al hacerlo, constituye a la cosa por contrasposición con su otro. La cosa, en consecuencia, no es sólo un también, sino que es un Uno, entendido como unidad excluyente. Es ser uno, como momento negativo, constituye a la mera cosidad en cosa y a la mera universalidad sensible, resultado de la negación del esto de la sensibilidad, en verdadera propiedad. 

El párrafo final del fragmento (párrafo 5) contiene un resumen del argumento de Hegel, que aclara los momentos que constituyen, ontológicamente, a la cosa como verdad de la percepción. Durante la jornada se discute el sentido de este resumen, especialmente el apartado ɣ). A mi juicio, en este apartado se exponen los ingredientes o momentos de la cosa. En primer lugar, la cosa es la universalidad pasiva e indiferente del también, esto es, el estar juntas de muchas propiedades en un aquí y ahora. Esta indiferencia mutua de las propiedades y el no identificarse con el medio en el que se reúnen hace de ellas materias libres. En segundo lugar, la cosa está es lo uno como negación que excluye las propiedades contrapuestas y que posibilita la determinación efectiva de la cosa. Ser una cosa no es sólo exhibir un conjunto de propiedades sino además no ser esto, ni aquello, ni lo otro. El tercer apartado habla de las muchas propiedades mismas. Creo que la dificultad procede de la forma en que traduce Wenceslao Roces, que dice que las propiedades son “la relación entre” el también y el uno. Antonio Gómez traduce el mismo fragmento afirmando que las propiedades son “la referencia de” esos dos momentos. Bajo esta última traducción se me hace personalmente inteligible lo que en la otra es, para mí, un perfecto misterio. Tanto el también como el uno hacen referencia a las propiedades. Las propiedades desarrollan la relación de estar juntas de forma indiferente, y también desarrollan la relación de excluir otras propiedades. En este sentido, se entiende que las propiedades sean la relación entre ambos momentos, pero en el sentido de que en ellas se cruzan y confluyen éstos. Desde el medio indiferente del también, las propiedades son universales que se refieren sólo a sí, pero desde el uno excluyente, las propiedades se refieren a otras propiedades opuestas que se apartan del también. Este para sí combinado con el para otro, será el germen de la inconsistencia que haga sucumbir finalmente a la cosa misma. 

Como aspectos destacables del fragmento, quisiera comentar lo siguiente: 

1.     En este fragmento, como ha hecho notar Emérito durante la jornada, aparece por primera vez el concepto de ‘aufheben’, que tanto éxito tendrá en la filosofía de Hegel. La traducción del concepto es compleja y no hay acuerdo entre los diferentes traductores al español. Creo que en el texto que estamos leyendo no se puede interpretar el ‘aufheben’ como la síntesis final de una tesis y una antítesis opuestas. En mi opinión en este fragmento el ‘aufheben’ no se distingue de la negación determinada cuyo concepto se ha expuesto en la introducción. Cada negación determinada es una aufheben. La nada determinada es la negación de algo que, en cuanto lo es de algo, lo conserva como cancelado y se erige sobre él, alzándose a un nuevo nivel.  

2.     La cosa es para la percepción un conglomerado lógico en el que se combinan la conjunción con la negación. El también es mera conjunción. Pero la conjunción, por sí misma, no constituye una cosa. La cosa requiere del momento negativo que, como en otras ocasiones ha destacado Ximo, es lo propio del pensamiento. 

3.     Lo que está haciendo Hegel es analizar la complejidad interna de la cosa tal como es pensada por la percepción común, no filosófica. El hombre que no filosofa y que, incluso se permite despreciar la filosofía, no sólo ignora la estructura ontológica de lo que cree ser simple e inmediato para su percepción, sino que también ignora que esta estructura es, además, inconsistente

Emérito

Emérito llama la atención sobre el hecho de que aparezca por primera vez el término Aufheben, crucial para entender tanto el fragmento como la dialéctica hegeliana en general. Por ello, se tienen en cuenta las traducciones de Ramos (“cancelación”) y Roces (“superación”). Asimismo, se recuerda el fragmento en el que Zubiri, en su “Los problemas fundamentales de la metafísica occidental”, enumera los sentidos que puede adoptar el  término:

  1. Como “quitar”: ante dos términos en contradicción (tesis-antítesis), quitamos uno de ellos.
  2. Como “conservar”: en este caso, la contradicción se supera conservando ambos términos.
  3. Como “superación”; la contradicción no se deshace con el mero conservar, sino que se va más allá de la misma, se supera (un “salirse de”).

Y es este último sentido el que se recoge en las traducciones de Roces y Ramos, enfatizando ambos con ello que en esa superación/cancelación lo superado/cancelado no se elimina sin más, sino que queda conservado; de ahí que García Bacca, por ejemplo, entienda Aufheben como “reabsorción”.

-En relación con la descripción de la Cosa y sus propiedades:

La segunda duda que plantea Emérito es relativa al “también” de las propiedades de la Cosa. La duda tiene su raíz en cómo entender ese estado de “indiferencia” que Hegel atribuye a estas propiedades. Las dos opciones interpretativas que se plantean son:

  1. Ese “también” entendido como una equiparación cualitativa entre todas las propiedades, pues dada propiedad X universal simple, el resto de propiedades serán igualmente universales simples en sí mismas, de tal manera que cualitativamente, en un principio, no se distinguirían unas de otras. Además, todas esas propiedades pertenecerían al objeto, el cual actuaría como “unidad indiferenciada” (una cosa con propiedades que cualitativamente no se diferencian entre sí).
  2. “También”en un sentido mucho más intuitivo y literal (la interpretación que aclara Felipe); dada una propiedad X, el resto de propiedades “también” forman parte del mismo objeto. Y el término “indiferente”, en este caso, habría que interpretarlo como una compatibilidad de propiedades de un objeto sin que éstas entren en conflicto entre sí (son indiferentes las unas respecto a las otras). No se trataría, pues, de una indiferencia cualitativa (las propiedades son cualitativamente indistinguibles unas de otras) , sino de una indiferencia en el sentido de propiedades compatibles entre sí dentro de la misma Cosa, la cual actuaría como su medio universal.

Pues bien, aun cuando ambos sentidos de “también” y de “unidad indiferenciada” no tienen porqué ser incompatibles entre sí, acudiendo al texto hegeliano, queda bien claro que en este fragmento, al menos, la interpretación correcta es la b:

“…y, en tercer lugar, al estar ellas [las propiedades] en la cosidad, son mutuamente indiferentes en y para sí. Es, pues, en verdad, la cosa misma la que es blanca, y también cúbica, y también picante, etc. o bien, la cosa es el también, o el medio universal donde las muchas propiedades subsisten unas fuera de otras sin tocarse ni cancelarse; tomada así, la cosa es tomada como lo verdadero, es percibida.”

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